Entrevista a Álvaro Aguilera, secretario general del PCM

Ante el avance de la ultraderecha, las izquierdas han de moverse. Bajo esta premisa, el PCM lanzará próximamente una campaña ‘Comunismo es vida’ en la que apuesta por salir a la calle, trabajar en los barrios y periferias y señalar al capitalismo como el verdadero enemigo de las clases trabajadoras.

Ahora, cuando puede volver a haber ministros comunistas décadas después y la vía institucional copa la estrategia política de las distintas izquierdas, los comunistas madrileños lanzan esta apuesta que tiene que ver con lograr una mayor presencia en los barrios. El secretario general del PCM, Álvaro Aguilera (Madrid, 1985) lo explica en cuartopoder.

– Estas semanas hemos visto una ofensiva de las derechas y ultraderechas contra la memoria democrática. Se han ultrajado monumentos en homenaje a la Pasionaria en Rivas y en Miranda de Ebro, el Ayuntamiento de la capital destruyó el memorial del cementerio del este, también se ha vandalizado el memorial de la antigua cárcel de Carabanchel. ¿Cómo están viviendo estos episodios?

– Es una consecuencia natural de una derecha que ha decidido jugar a medírsela todo el rato y lleva al esperpento que se está produciendo en Madrid. En un país civilizado, ni siquiera democrático, nadie se atrevería a quitar las placas del memorial del cementerio de la Almudena. Esto encaja con el contexto de criminalización del comunismo, la única propuesta política que es capaz de plantear una alternativa rupturista. La crisis de régimen que habíamos teorizando se está cerrando del lado de la restauración y para que se termine de cerrar es necesario situar como enemigo la ideología que más estaba por una propuesta constituyente.

– Estamos viendo una batalla cultural que está dando la derecha y ultraderecha. Se está intentando, desde determinados medios de comunicacion, equiparar comunismo y fascismo. ¿Qué responden?

– Comunismo y fascismo no son lo mismo por una sencilla razón: la ideología del terror, miedo, indiferencia, desigualdad, destrucción del ser humano es el fascismo, una ideología que se basa en el odio. El comunismo es una ideología que se basa en todo lo contrario, en la igualdad, libertad, fraternidad, reparto de la riqueza… Cualquier tipo de equiparación es una infamia. Eduardo Haro Tecglen decía: “Yo no soy comunista, pero en un anticomunista identifico rápidamente a un fascista”.

El fascismo siempre se dirige en una línea anticomunista pues es la única ideología que cuestiona el statu quo y pretende cambiarlo. El resto de ideologías, algunas respetables y otras no, son reformistas, pretenden reformar el sistema, yo creo que así no se puede mejorar. La única ideología que plantea un nuevo orden es el comunismo. El fascismo no plantea un nuevo orden, es un estado de excepción del capitalismo cuando las circunstancias son tan brutales que la clase trabajadora no puede seguir así. Entonces hay que tirar de autoritarismo, de odio.

El fascismo pretende que tu enemigo sea el débil, tu vecino, la persona de distinta orientación sexual o procedencia geográfica. El comunismo señala como enemigo al que te roba, al banquero, que que te está quitando condiciones de vida. Cualquier equiparación entre comunismo y fascismo proviene de un fascista.

– En esta batalla cultural se está retomando la idea de antiespaña. ¿Qué puede hacer la izquierda en este contexto?

– La antiespaña son ellos, la derecha cavernícola y tardofranquista de Vox, PP y Ciudadanos. A veces con la connivencia total del PSOE que tiene antiespaña dentro. Nosotros no somos la antiespaña, creemos en un proyecto nacional, internacional, y planteamos que esto se haga desde la democracia y el derecho de toda la ciudadanía de decidir su futuro. Esto no va contra España, la refuerza, porque la estrategia que siguen las extremas derechas solo puede llevar a la ruptura del país o al autoritarismo militar, no hay más opciones.

Sin embargo, nosotros somos los que planteamos un encaje federal en el que tiene cabida todo el mundo, planteamos un proceso constituyente en el que se abra un debate para una nueva generación. Hoy, el 66% de la población, los menores de 60, no han votado la Constitución. Esto es dramático y lleva al colapso de un país por unos sectores que quieren abismo.

– Hablaba de la Constitución. Hace unos años hablaban de proceso constituyente, ahora la izquierda alternativa se centra en la defensa de los artículos sociales de la Constitución. ¿Qué opina?

– Si es una táctica, no se retrocede. Si es una estrategia, es un retroceso brutal. El problema es que no hemos discutido si es una táctica o estrategia. Tácticamente puedes acogerte a los artículos sociales de la Constitución para decir algo que es una obviedad: los autodenominados constitucionalistas solo quieren cumplir determinados artículos de la Constitución y otros no.

Ahora bien, esta Constitución, ni cumpliéndose al 100% vale, pues está viciada de origen. Poner el cumplir la Constitución como un avance es un gran error. Nosotros tenemos que volver al impulso destituyente y constituyente. Es la única manera de que la crisis de régimen no se cierre por el lado de la restauración. Además, los problemas que actualmente amenazan con destruir la vida de la clase trabajadora son irresolubles con la actual Constitución.

Una cosa es estar en el gobierno o no, otra cosa es confundir la táctica con la estrategia. Eso no lo hemos discutido.

– Con la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos, la oposición parlamentaria va a estar en la derecha y la ultraderecha principalmente. ¿Cómo se puede generar una oposición de izquierdas?”

– Dejarle de hablar al centro, a la gente que toma gin-tonic con pétalos de rosa en Lavapiés y hablar a la periferia y que desde la periferia se componga poder popular. Es en los barrios donde existe el conflicto y la vida, lo demás es un escaparate para los turistas. Tenemos que trabajar desde esos ámbitos, los ámbitos destrozados por las casas de apuestas, el desempleo estructural, la precariedad laboral… Hay que trabajar desde ahí, para generar un poder popular, pues todo lo demás es ilusionismo electoral, el ilusionismo puede llevar a la frustración y esta, al fascismo.

El gobierno no va a cambiar sustancialmente las condiciones. Las condiciones cambiarán sustancialmente si el 30% que se queda en su clase toma consciencia real y construyen una alternativa destituyente y constituyente.

– Hablaba de periferias. En las últimas elecciones generales hemos visto cómo algunas zonas del sur de la Comunidad de Madrid se teñían de verde.

– Es verdad que, hasta el momento, es un trasvase de la gente que votaba en esas zonas al PP. Es decir, todavía no han entrado en las zonas que históricamente se vota a la izquierda o se han quedado en la abstención. Pero, si no nos ponemos las pilas, terminarán haciéndolo. Ya está viendo el cambio de discurso de Vox. Siempre he pensado que Vox, que Espinosa de los Monteros u Ortega Smith no pueden conectar con la clase obrera, pues son señoritos engominados.

Sin embargo, Vox puede ser el embrión de algo nuevo, de una ultraderecha moderna, al estilo Le Pen o Salvini. Eso puede entrar en los barrios hasta la cocina. Por eso, tenemos que trabajar con los sectores populares. Por eso, esta campaña que lanzamos, señala que el capitalismo mata. El enemigo no es el inmigrante, el catalán, el LGTBI o el vecino. El enemigo es el capitalismo al que sirven de manera lacayesca los señores de Vox.

La frustración debe canalizarse en una alternativa destituyente de los que nos están jodiendo la vida. El capitalismo mata, entre el norte y sur de la ciudad de Madrid hay siete años de diferencia de esperanza de vida. Eso es composición de clase. La evidencia de que este sistema está hecho para que la élite viva bien y el resto sobreviva como pueda y encima odie al de al lado.

– ¿Cómo se entra en lo barrios? ¿Cómo se influye hoy en día, cuando el individualismo está muy patente, en la clase obrera?

– Lo primero que hay que hacer es un estudio de los espacios de socialización vital y laboral de la clase trabajadora y acudir allí. Lo segundo, trabajar con esos sectores para que sus vidas dependan cada vez menos del estado actual de las cosas. Es decir, en mi opinión el PCE debe empezar a trabajar en una sociedad paralela dentro del sistema capitalista como se hizo en Italia durante tantísimas décadas.

Hay que tener escuelas para chavales de apoyo en los barrios, hay que cerrar las casas de apuestas con todos los métodos, hay que hostigar a quienes quieren acabar con nuestras vidas, hay que recuperar las despensas solidarias y las redes de solidaridad, fomentar ocio alternativo, trabajar por una cultura popular… Hay que hacer un montón de cosas y hay que hacerlo en los barrios. Hay que hacerlas sin depender de quién está en el gobierno. Ahora vemos cómo las cosas buenas, que tampoco fueron tantas, del ayuntamiento anterior, Almeida ha tardado meses en destruirlas. ¿Por qué? Porque no estaban en manos de los barrios, estaban en la estructura. La estructura desde un punto de vista comunista debe servir para generar un poder popular que no es fácil de revertir.

Con discursos solo no vamos a llegar. Hay que trabajar en los barrios y dedicarse a lo importante y no a lo urgente. Llevamos varios años dedicándonos a lo urgente, ahora van a venir años sin elecciones, dediquémonos a lo importante.

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